COLOQUIO IX - Primera Etapa - PONENCIA V

LA IN-SISTENCIA Y EL DESARROLLO DE LA INTERIORIDAD PARA LA SUPERACIÓN DE LAS DISTINTAS FORMAS DE ALIENACIÓN

María Victoria Rullán Miquel
Zaragoza, 19 de Marzo de 2004

Un Coloquio sobre “La aplicación de la Antropología In-sistencial de Ismael Quiles frente a la alienación del siglo XXI” suscita dos preguntas esenciales: ¿Cuáles son los factores que pueden influir, o ser la causa de la alienación de  diversas estructuras, instituciones, grupos sociales y del individuo mismo? ¿Cuál es la “clave esencial” para prevenir y superar la alienación?

La primera pregunta la voy a contestar a partir de los diversos enfoques –sin pretender agotar el tema- que han dado a este término, distintos filósofos y pensadores cuyo pensamiento trasciende hasta nuestros días. En sus observaciones subyacen los factores alienantes, en algunos casos sociales y en otros del ámbito de la persona -aunque ésta nunca puede sustraerse al problema- que sirven de apoyo para este trabajo.

La segunda pregunta la voy a contestar a partir de la importancia que tiene para la no- alienación de la persona, el desarrollo de su interioridad y cómo la Antropología In-sistencial de Ismael Quiles puede ser el motor para dicho desarrollo.

Manuel Alonso Olea, -Académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas- en su prolija obra: Alienación, historia de una palabra, hace una exposición pormenorizada de las distintas “visualizaciones” del término, dependiendo de la postura del filósofo o pensador.

A lo largo de esta obra se percibe que el denominador común del hombre alienado es el de una existencia absorbida, o fagocitada, por un entorno social que lo cautiva, enajena, aísla, angustia, masifica... porque no es vivido, discriminada y responsablemente, desde un sí-mismo unido a la trascendencia. Es una vida con un protagonismo que no exhibe la “respuesta responsable”, desde la concepción de una ética social y personalizante, propia del hombre.
Citaré a continuación, algunos de los condicionantes del ámbito social y de la persona humana que hacen que ésta se aliene, mencionados por Manuel Alonso Olea. Empezaré por el de Mons. Guerra Campos porque pone el peso de la alienación del hombre en su “renuncia ‘a la transformación social (...) de la realidad presente (...) y en confiar en los solos poderes humanos para alcanzar esta transformación’ “. [1]
En el primer caso no ha tomado conciencia de su responsabilidad frente a la sociedad, por lo tanto vive el “aislamiento” propio de una existencia egoísta; en el segundo caso, si bien ha tomado conciencia de su responsabilidad como ser social, lo ha hecho desde su limitada inmanencia.

Se puede observar que el trabajo mismo, imprescindible para el sustento y medio, también, de canalizar la necesidad imperiosa de hacer que tiene todo hombre, hay que concebirlo con una cierta  sacralidad (quelque chose de sacré,
Lacroixo, si se quiere, enlazando a través del amor que se ponga en su ejecución con el destino metafísico del hombre” (de lo contrario es) “una maldición sin sentido moral siquiera, resultante árido de nuestra biología”.[2]
Es a la conclusión que llega Alonso Olea, y que comparto, a partir del pensamiento de Lacroix y de José María Días Alegría.

De igual forma, siguiendo con Alonso Olea, “las necesidades que se satisfacen no son necesidades reales, sino necesidades artificialmente creadas por los encargados de satisfacerlas”. (El aparato productivo crea) “opciones innecesarias para la satisfacción de lo que objetivamente son los caprichos y veleidades del hombre alienado o, como hubiera dicho Rousseau,* las apetencias que inútil e imprudentemente multiplicamos y que colocan nuestra alma bajo su dependencia´”.[3]

Esta situación se ve agravada por la propaganda y la publicidad en tanto es “un intento de forzar sobre cada uno conductas determinadas por el mero dato de que estas mismas son también las conductas de los otros; el libro o el disco se anuncian como el más vendido o el más editado, y este sólo hecho, reflejo cuantitativo de los actos de otros, se presenta insistentemente como justificación para que sea el acto de uno un acto más (...) Sin que, por otro lado, los otros en que se apoya la mecánica publicitaria sean nada definido, sino un simple conglomerado, una mera ‘serialidad’ sin cohesión alguna interna, sólo unificada externamente por la actuación del manipulador”.[4]

Entre “las ‘características psicológicas de la sociedad de masas’ figura como dominante el ajustamiento y sumisión del individuo a las ‘opiniones’ de la masa, con lo cual el hombre se ‘auto-aliena’ y siente una profunda ansiedad cuando no consigue la adaptación”.[5]

Dentro de la misma línea de pensamiento encontramos a A. Touraine quien en su obra La sociedad posindustrial afirma que “nuestra sociedad es una sociedad de alienación no porque reduzca a la gente a la miseria o imponga coerciones policíacas, sino porque reduce, manipula e integra.”[6]

Camus considera que: “’en un universo privado de ilusión y de luces, el hombre se siente alienado’; su exilio, además, si previamente ha negado la trascendencia, no tiene remedio, porque con la negación el hombre ‘está privado de los recuerdos de una patria perdida y de la esperanza de una tierra prometida’ “[7]

La negación de la trascendencia o la indiferencia hacia la misma conlleva una serie de pasiones que empobrecen y hasta pueden aniquilar, o reducir a un límite no deseable, la estructura psico-espiritual de la persona humana, por lo tanto la alienan. Una de estas pasiones, muy sutil y plural que aparece en el origen mismo de la humanidad, es la envidia. Eva siente envidia de Dios y acepta “la amanzana”; Caín mata a su hermano Abel...  

Juana Sánchez-Jey Venegas en un estudio sobre esta pasión y su poder autodestructor, la define como: “una tristeza del bien que otro posee y que desearíamos que fuera nuestro”. Porque el “ego se halla encadenado a sí mismo, encerrado en la envidia y se corta la capacidad de hacer proyectos. Entonces no se sabe salir de ese dolor agudo, que nos impide dejarnos llevar por el bien que abre siempre paraísos de confianza compartida con los otros”.[8]

Otro factor alienante, cada vez más creciente entre los jóvenes, es la agresividad. Esta viene fomentada por el mal uso de las redes de iguales cuando los códigos que entran en juego desarrollan conductas antisociales. Su estructura, según el estudio que ha hecho de las mismas Rosario Ortega Ruiz “es funcional para el desarrollo y el aprendizaje social”. Es el escenario de juegos, intercambio de roles, vivencias sociales y emotivas... Pero a menudo, como se observa en dicho estudio, se convierten en “escuelas de violencia” en las que el “más fuerte” “impone” su ley. “La agresividad  injustificada no es un tipo más de agresividad, es el uso inmoral de la asertividad de unos en detrimento de la libertad y capacidad autoasertiva de otros”.[9] El joven, para no ser segregado del grupo, se somete por el miedo a la soledad a una ley  que lo aliena. El mal uso que hace de su propia libertad, se vuelve contra él mismo.

¿Cuál es la luz esperanzadora que aporta Ismael Quiles, a través de su antropología filosófica In-sistencial, a la solución del  acuciante problema de la alienación?

La exposición anterior nos permite aceptar que vivimos en una sociedad que tiene factores alienantes que nos pueden  condicionar. Frente a esta realidad, se abre la posibilidad ontológica de forjar nuestra existencia desde  un “sí-mismo” o “centro-interior”, abierto al Absoluto, fuente de luz y energía, para proyectarla hacia el “otro” u “otros”. Porque la vida “es siempre transitiva”, acontece “desde dentro”[10], nos dice Julián Marías. Nunca puede quedar clausurada en un en-sí cerrado alienante sino más bien extático.

Esta relación con el Absoluto, del que Ismael Quiles nos dice: “Siento que es el apoyo último de mi centro interior”[11], Fernando Rielo la explica a través de su modelo genético en virtud del cual: “La divina presencia constitutiva personaliza al espíritu creado, esto es, lo constituye como persona. Las personas divinas, con su presencia constitutiva, se personalizan en el espíritu creado, hacen en ésta acto intrínseco de presencia”.[12] Por esto, nos sigue diciendo Fernando Rielo, la “persona humana es intimidad que, exigencialmente abierta al sujeto absoluto (...) es un espíritu sicosomatizado que se encuentra en abierta tensión de dos límites: formal, la finitud del sicosoma; trascendental, la infinitud del sujeto absoluto”[13] 
La “finitud” de la persona humana, percibida a menudo por la propia contingencia y precariedad, está sellada por esta tensión esperanzadora: su apertura a la “infinitud” que señala la dirección y sentido del acontecer de la vida del hombre, fraguada en su propia interioridad. La relación con el Sujeto Absoluto es la que funda todas las demás relaciones: con los otros seres humanos, con la creación, dándoles verdadera dirección y sentido, todo lo contrario a la alineación.

Ismael Quiles “percibe” que el centro óntico, al que él llama “In-sistencia”, tiene una serie de características afines, e interrelacionadas entre sí, que son fruto de la  libertad de la persona humana. Denotan, a su vez,  su responsabilidad frente a cualquiera de los hechos, internos o externos, que le acaecen en el fluir de su existencia. Estas características  son: Autonomía, autocontrol, autodecisión, amor y transcendencia.[14]
La Autonomía, es una capacidad que nos permite “auto dirigirnos”; es aliada de la libertad en el proceso de nuestra autorrealización. Jorge Vicente Arregui distingue distintos grados de autonomía que son a su vez,  “grados de conocimiento y de libertad con respecto del fin”[15] por el que la persona actúa. Su movimiento más propio, nos sigue diciendo este mismo autor, es la  “autorrealización o proceso  por el que cada ser vivo alcanza la plenitud propia de su naturaleza.”[16]

Abraham H. Maslow considera la autorrealización como un proceso progresivo que abarca la salud mental. Y por el contrario observa que “la causa principal de que estemos alienados de nuestro verdadero yo radica en nuestras relaciones neuróticas con los demás”.[17]

Este psicólogo otorga ocho significados distintos  a la autorrealización, no excluyentes entre sí;  son más bien los diversos modos de actuación necesarios para conseguirla. El primero de ellos consiste en “vivenciar (sic) plena, vivida y desinteresadamente, con una concentración y absorción totales (en los que ) el sí mismo se actualiza”.[18] Porque el olvido total de nuestras limitaciones, según Maslow, nos devuelve la inocencia de la infancia.

La capacidad de atención continuada y selectiva, conlleva el ejercicio del autocontrol. Recordemos que ha sido la característica de grandes genios. A Albert Einstein la teoría de la relatividad le costó 10 años de concentración mental; el libro lo escribió en seis semanas. Otro ejemplo clave es el de W. Amadeus Mozart: hasta que no había concebido por completo una obra, no podía escribirla.

El autocontrol no está presente únicamente en el ejercicio de la atención, que debería ser un “hábito mental”, sino también y de forma especial en la canalización de los instintos. El autocontrol  nos permite ejercer un “señorío” sobre nosotros mismos; es fundamental para la convivencia y el establecimiento de  relaciones maduras.

La autodecisión es la capacidad que nos permite “tomar nuestras propias decisiones”; ser responsables de nuestros actos y destino. Maslow la incluye en el segundo modo del proceso continuo de autorrealización. Significa “tomar una por una (...) todas nuestras decisiones de crecimiento”.[19]
Es -para este autor- ser conscientes de que, en cada momento de nuestra vida, se nos puede presentar una opción buena o mala. Elegir la buena es autorrealizarse.

La concepción de este psicólogo, en cuanto al ejercicio del bien o del mal que tantas dudas suele suscitar dentro de una forma de vida materialista, entronca perfectamente con la definición de la esencia del hombre  de Fernando Rielo (expuesta en párrafos anteriores) y la vivencia de Isamel Quiles. La decisión de ser mediocre, por ejemplo, no tendría para nuestro filósofo una característica in-sistencial.

El amor es la clave de la existencia humana. En el Himno de la caridad (1Cor. 13, 1-7) San Pablo deja constancia que es la virtud o capacidad intrínsecamente unida al ser y a la verdad: “Si no tengo caridad no soy nada”; “la caridad (...) se complace con la verdad”. Cristo declara de sí mismo que es la Verdad; como Dios, es fusión de amor trinitario. Sintetiza en su persona el amor y la verdad, origen y “condición” (aunque no siempre se manifiesten) de la cultura occidental cristiana.

Los dioses de las civilizaciones de Oriente forman, también, alianzas matrimoniales unidas por el amor.* Este, está presente en todas las manifestaciones culturales, aunque muchas veces de forma imperfecta. De hecho la falta de amor provoca “carencias” que influyen negativamente en la formación de la persona. Un niño que crece sin amor, puede convertirse en un “anti-social”. El ser humano, subraya Julián Marías, desarrolla su dimensión de “persona” por medio del amor: “El que ama se ve ‘envuelto’ en la realidad de otra persona, que es descubierta como tal”.[20] 
Aunque él haga alusión expresa al amor que se establece entre el hombre y la mujer, su apreciación puede extenderse a todas las relaciones humanas, con sus diferentes matices. Porque si bien el hombre puede “descubrirse” como persona  partir de su espíritu en relación con la trascendencia; también es verdad que por su naturaleza relacionante, se “personaliza” por medio de la relación “personalizante” (valga la redundancia) que establece con los otros. Lo que Isamel Quiles diría: “Una in-sistencia en relación con otras in-sistencias”.

La capacidad de amar y de ser amado; de desarrollar el amor a través de los hechos y las obras de la cultura, requieren el ejercicio de la libertad y generosidad. Para amar no se requieren técnicas; amar, según Erick From es un arte. Y las mejore sobras de arte son fruto del amor...

La percepción de la Trascendencia surge, en Ismael Quiles, de la “experiencia íntima” de su propia contingencia. No es una construcción mental, una “invención” del hombre que, a modo de tótem, -como expresó Signund Freud- es el auxilio de la precariedad del individuo. Quiles parte de un principio metafísico: el Absoluto que, aunque necesario a nuestra razón discursiva, es el que sustenta a la persona humana- como ha quedado expresado antes-; es el origen de todo lo creado; da dirección y sentido a nuestros actos. En él, el hombre encuentra la libertad y plenitud.

La persona humana como sujeto capaz de transformar la realidad

Ahondando un poco más en las características de la persona humana y de acuerdo, con Rogelio Medina Rubio ésta es : “una realidad subsistente ‘principio de actividad’ que se despliega en una doble dirección o movimiento: de interiorización y de exteriorización, ambos constitutivos del dinamismo personal e igualmente necesarios para el desarrollo integral de la persona”.[21]
Este doble juego, fruto de la tensión que existe en el ser humano consciente de su finitud abierta a la infinitud, es la que posibilita no sólo su desarrollo integral, sino también, -y a la para de éste, el del núcleo social en que se ejerce su influencia, de manera que lo que cada uno de nosotros haga o deje de hacer, repercutirá en nuestro entorno y dependiendo de su importancia o gravedad, en el resto de la sociedad. La grandes obras se han iniciado a partir de pequeños núcleos de acción, de pensadores que han trabajado solos o han formado escuela. Porque la persona como tal, posee en sí las características transformadoras y se personaliza más por medio de ellas. De acuerdo con Martiniano Román Pérez, la persona es activa: ante “la multiplicidad de estímulos que recibe debe responder selectivamente”; es perfectiva: “ha de precisar a que tipo de perfección se adscribe y cómo la realiza”; libre: “es una libertad de ‘adhesión y elección’(...) a una jerarquía de valores”; abierta: con “capacidad de dar y de recibir (...) de salir de sí mismo para ir al encuentro” del otro; humanista: “está por encima de cualquier manipulación” (política, social, educativa, cultural); auténtica: tiene que haber “una armonía entre el yo y la imagen del yo (...) El camino de la autenticidad debe  profundizar el conocimiento de sí mismo”.[22]
A lo que podemos añadir: y de dicho conocimiento en relación con la vectorial en la que subyacen los valores universales y el compromiso con los mismos. Nadie puede culpar a la sociedad de que sea en sí determinista; es el hombre que se deja arrastrar, o no,  por sus condicionamientos. Es verdad que se hace necesario asumir una postura, vivir con un método.

Desde una postura in-sistencial la des-alienación del hombre y de la sociedad no es una utopía. Cuando el hombre toma conciencia  de su estructura óntica sujeta a la doble tensión: inmanencia - trascendencia se le abre la posibilidad de ejercer la solidaridad o caridad; mantener un control selectivo ante el “consumismo” que nos acecha; vivir la integridad personal, frente a la masificación; evaluar las opiniones, intencionalmente parcializadas, de los medios de comunicación; mantener la integridad moral frente a las conductas autoritarias; cimentar la autoestima equilibrada, propia de quien se reconoce hijo de Dios, o cuando no, vive con la autenticidad y simplicidad del que reconoce su limitación y ansía superarla.

Si el hombre del tercer milenio vive desde esta “luz interior” de la que nos habla Ismael Quiles, es imposible que el entorno social en el que desarrolla su existencia, por sí mismo, la opaque. La actitud de Victor Frankl, frente a la vejación soportada en Auschwitz que  no logró menoscabar su integridad moral y espiritual, es una prueba de ello. Conmueve recordar sus palabras: “en un campo de concentración es posible practicar el arte de vivir, aunque el sufrimiento sea omnipresente”[23].
Tanto él, como Edith Stein y tantos otros de su misma talla, que no han sucumbido ante una situación límite son la respuesta vivencial a la actitud desesperanzada de Camus. Queda demostrado que “en un universo privado de ilusión y de luces”, el hombre puede desarrollar la trascendencia, porque para él no hay “exilio”, sino construcción de un camino que va abriendo otros caminos hasta el infinito...

El “mundo” se llenará de “ilusión”, en tanto depositemos en él nuestras esperanzas “recreadas” en los  amaneceres transformantes, -ajenos a la envidia y coerción- en un inocente diario “sacar de sí” las potencialidades  que nos identifican... En esto consiste  la autoeducación y la educación permanente, base fundamental de la salud psíquica, espiritual y social de la humanidad. Ambas nos tienen que llevar al desarrollo de la interioridad y al descubrimiento del sentido de la vida, “primera fuerza motivante del hombre”[24] según el insigne creador de la logoterapia.
Cuando el hombre encuentra este sentido vital y lucha por él, siempre y cuando esté inscrito dentro de los valores universales, entonces es cuando su vida además tiene un gran sentido. La célebre sentencia atribuida a distintos grandes hombres que perduran en nuestra memoria: Sé lo que tengas que ser, o si no, no serás nada apela directamente a cómo desarrollamos nuestra existencia, desde nuestras íntimas apelaciones que dan sentido a nuestra vida. Porque el auténtico sentido de la vida, nos dice Arregui “se constituye o no se constituye en el propio vivir. Si hay vidas llenas de sentido, también las hay carentes de él”.[25]

A todos y cada uno de los seres humanos, sin excepción, le ha sido dado, desde su concepción una existencia “con sentido”. Descubrirlo dentro de las múltiples circunstancias adversas, o no, es amarnos a nosotros mismos, principio elemental para amar a los demás, lo que hacemos y proyectamos. Es, en definitiva, pasar por esta vida obrando con plenitud comprometida y fecunda, suscitando en los otros el mismo deseo. Actitud que contrarresta los condicionamientos alienantes ambientales.

Ismael Quiles insiste en que la persona “tiene que actuar desde sí (la cursiva es del autor); si no actúa ‘desde sí’ no actúa como es; y si no actúa como es, no sirve para realizar su misión propia. Porque entonces no la trato como corresponde a su ser, y, por lo mismo, tampoco a mí me sirve como tal.” [26]

Si bien esta reflexión de Quiles está enfocada hacia la presentación objetiva de la bipolaridad complementaria: hombre, mujer; géneros: masculino femenino propios de la mayoría de los seres vivos y que en los animales, entre los que se encuentra el hombre está asociado al sexo biológico, esta apreciación sirve para todo el quehacer de la vida del hombre. Creemos que nuestras decisiones sólo nos afectan a nosotros mismos, pero como somos seres relacionantes, siempre tienen una “resonancia” en la sociedad: grupo de amigos, amistades íntimas, familia... Todo lo que transcurre en el interior de la persona, por ser ésta, como ya hemos visto, una “intimidad abierta”, se proyecta de alguna forma, sobre los demás. Afecta tanto la presencia de alguna cualidad, como su ausencia. Lo que cambie es el efecto; la cualidad es un bien que trasciende; su ausencia, la carencia del bien esperado. Cada ser humano tiene su destino y su don que nadie puede suplantar; lo que dejemos de hacer, nadie podrá hacerlo por nosotros.

Notas

[1] ALONSO OLEA, Manuel. Alineación historia de una palabra. Edt. Instituto de Estudios Políticos. Madrid 1974. Pág. 237
[2] Ibid. Pág. 238 y 239
* Dernière reponse de J.J. Rousseau a las críticas sobre le Discours sur les sciences el les arts  Ed. París 1971. Pág.121
[3] Ibid. Pág. 177
[4] Ibid. Pág.286
[5] Ibid. Pág. 60 Cfr. de Kornhauser, The Polittics of Mass Society. Ed. Londres 1960. Págs 107 y ss.
[6] TOURAINE, A. La sociedad postindustrial.Barcelona 1969. Pág 11
[7] ALONSO OLEA, M. O.c. Pág.240. Cfr. de Le Mythe de Sisiphe
[8] SÁNCHEZ-GEY VENEGAS, Juana. La envidia. Revista Vida religiosa. Octubre 2001. Nº 8. Vol. l91. Madrid. Págs.374 y 376.
[9] ORTEGA RUIZ, Rosario. Lo mejor y lo peor de las redes de iguales: juego, conflicto y violencia. Revista interuniversitaria de la Formación del Profesorado. Nº 44. Año 2002. “Violencia y Convivencia Escolar” . Zaragoza. Pág 105. (Páginas del artículo de la 93 a la 113)
[10] MARÍAS, Julián. Persona. Edt. Alianza Editorial. Espña 1996. Pág. 41
[11] QUILES, Imael. Como ser sí mismo. Ediciones Depalma. Buenos Aires. 1991. Pág.42
[12] RIELO PARDAL, Fernando. Mis meditaciones desde el modelo genético. Edt F.F.R. España. 2001. Págs. 22 y 23
[13] Ibid. 126
[14] QUILES, Imael. Antropología filosófica In-sistencial. Edt. Depalma. Buenos Aires 1978.
[15] ARREGUI, Jorge V. Filosofía del hombre. Una antropología de la intimidad. Edt. RIALP 1991 Pág. 63
[16] Ibid. Pág.63
[17] MASLOW, Abraham H. La personalidad creadora. Edt. Kairos. España 1999. 6ª edición. Pág. 91
[18] Ibid. Pág.71
[19] Ibid. Pág. 72
* En Filosofía de lo femenino pág. 44 Ismael Quiles hace alusión a los dos principios vitales: Purusha y Prakriti, “dos perpetuos amantes que poseen una perpetua unidad”.
[20] MARÍAS Julián. O.c. Pág. 103
[21] MEDINA RUBIO, Rogelio. El concepto de presona. Capítulo: “Un proceso de personalización en una situación social”. Edt. Rialp. Madrid 1989
[22] Ibid. MORENO MENESES, Pedro. Capítulo “La persona.Notas características y dimensiones educativas”. Págs 113 y 114
[23] FRANKL, Víctor E. El hombre en busca de sentido. Edt. Herder. Barclona 1996. 18ª edición. Pág.51
[24] Ibid. Pág. 98
[25] ARREGUI, J. V. O.c. Pág. 467
[26] QUILES, Ismael. La esencia de lo femenisno. Edt. Depalma. Buenos Aires. 1978. Pág. 37.


  • Ver Ponencia I • Pautas para una legislación desalienante

    HORACIO GIGLI
    Fundación Ser y Saber, Buenos Aires.


    Ver Ponencia II • El tema quilesiano de persona humana en el marco de la enseñanza de la ciencia geográfica

    PABLO GABRIEL VARELA
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia III • El problema de la especialización. Una respuesta a partir de la pedagogía de Ismael Quiles, S.J.

    JORGE MARTIN
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia IV • Espiritualidad e In-sistencialismo

    Pbro. JOSÉ IGNACIO FERRO TERRÉN
    Fundación Ser y Saber, Buenos Aires.


    Ver Ponencia V • La in-sistencia y el desarrollo de la interioridad para la superación de las distintas formas de alienación

    MARÍA VICTORIA RULLÁN MIQUEL
    Zaragoza, España.


    Ver Ponencia VI • La filosofía in-sistencial enfrenta los desafíos de la educación actual

    CELIA GEMIGNANI DE ROMANI
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia VII • Hacia la recuperación del sentido de la historia. Historicidad y tiempo en la Antropología In-sistencial

    ALEJANDRO POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia VIII • La historia y la filosofía in-sistencial en el mundo actual

    ETHEL BORDOLI
    Buenos Aires.


    Ver Ponencia IX • La experiencia in-sistencial y la unidad del hombre. La interioridad como camino hacia la unificación del hombre ante las disociaciones propias del siglo XXI

    MARIELA MARONE DE POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia X • Filosofía In-sistencial: bases para una Estética de la unidad

    MARTHA PÉREZ DE GIUFFRÉ
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


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