COLOQUIO IX - Primera Etapa - PONENCIA IV

ESPIRITUALIDAD E IN-SISTENCIALISMO: algunas precisiones conceptuales

Pbro. José Ignacio Ferro Terrén

El comienzo del siglo XXI presenta aristas espirituales muy complejas, de pérdida del sentido de esperanza, indiferentismo religioso, fragmentación de la existencia que depara corrientes erróneas: nihilismo en la filosofía, relativismo en la moral, hedonismo en la existencia diaria. La rica reflexión filosófica del Padre Ismael Quiles[1] puede aportar luz sobre un panorama harto sombrío, luz que encontramos en algunas de sus obras: ¿Cómo ser sí mismo?[2] y La Interioridad Agustiniana[3].

El problema que surge de la libertad psicológica y de la obligación moral, en la sociedad actual imbuida de un subjetivismo desmedido, parte en la obra del IQ de un análisis de la experiencia del yo, de manera que todos puedan tener un sentido. La filosofía por ser una sabiduría vital[4] de los últimos problemas humanos es capaz de realizar ese análisis de la experiencia del yo.

 Los últimos problemas humanos plantean al hombre el secreto del valor íntimo y vital de la filosofía, que es hacer de los problemas algo que afecta a cada hombre personalmente en cuanto los tiene que afrontar, vivir y resolver.[5]"Al inicio de su obra Antropología in-sistencial, IQ nos hace reflexionar en el estilo de vida contemporáneo, el cual respaldado por la corriente existencialista absorbe al hombre todo el día en sus cosas, no pensando ni una vez en mismo. La tecnología "ha impuesto una nueva concepción de la sociedad, que está atentando trágicamente contra el ser y la dignidad del hombre, el ser y la dignidad de cada individuo, contra su auténtica realidad personal”[6], porque requiere del hombre no vivir en sí, es decir, vivir en la inconciencia.

Ante el desafío espiritual que nos presenta el siglo XXI, podemos encontrar en la obra filosófica del IQ algunas orientaciones a modo de respuestas ante este planteo.

1. ¿El “sí mismo”  como subjetivismo aislante del mundo exterior?Hay otros pensadores que consideran peligroso poner el acento en la esencia del "sí mismo" como si éste fuera la última realidad del hombre, porque, en tal caso, lo ence­rraría en una interioridad subjetivista, aislada en el vacío, sin posibilidad de comunicarse con el mundo exterior. Esto significaría un aislamiento imposible de soslayar o superar. Quedaríamos como anacoretas separados de todo lo exte­rior, habitando un mundo interior fabricado por nuestra propia imaginación.”[7])

Ante este planteo subjetivista, presente hoy día en muchas corrientes de espiritualidad[8] –como la New Age, por ejemplo– la filosofía in-sistencial describe la experiencia humana propia en la cual se comprueba fehacientemente la presencia de un “sí mismo esencial” en su centro interior del cual dimana un deseo y posibilidad de comunicación con Dios, el prójimo y el mundo.[9]

2. Sentido  ambiguo de la expresión  “negarse a sí mismo”

En el terreno de la espiritualidad católica ha tomado carta de ciudadanía esta expresión porque son las mismas palabras de Jesucristo: “Si alguno quiere venir en pos de Mí niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Mt. 16,24). “Quien no carga su cruz no es digno de mí” (Mt. 10,38).

Ante esta situación ¿cómo compatibilizar la afirmación –capital en el pensamiento de IQ– de “ser sí mismo” con su negación. IQ lo plantea con su habitual lucidez:“Se debe tener en cuenta el sentido preciso en que lo dicen, y para ello hay que discriminar las diversas significaciones que puede tener la expresión "ser sí mismo". De lo contrario se entiende mal y se aplica peor la fórmula ambigua "negarse a sí mismo"[10]

Tres son los sentidos de “ser sí mismo” que nos inte­resan en este caso.

El “sí mismo” esencial: imposibilidad de negarlo.

IQ con su habitual claridad manifiesta:

“Ser-sí-mismo” tiene todo un sentido de lo que “es en sí”, la realidad más profunda del hombre, aquella por la cual el hombre es hombre. Es su núcleo real más profundo, que en filosofía se deno­mina la esencia. Nosotros la hemos llamado el “sí mismo esencial” para distinguirlo y contraponerlo al “sí mismo integral” o a la totalidad de lo que es el hombre, cada hombre. En este sentido, señalamos la esencia del hombre (filo­sóficamente hablando a ella nos referimos en el plano meta­físico real u óntico del hombre).

Ahora bien, en este plano, el más real y profundo del hombre, no se puede pensar en “negarse a sí mismo”, por­que el hombre no puede dejar de ser hombre para ser otra cosa que no sea hombre.Es una contradicción, una utopía. Al nacer recibimos nuestro “sí mismo” para siempre, determinado e inmortal, y nuestro ideal es cumplir lo mejor posible lo que es nues­tra esencia.

Así como el rosal es rosal porque tiene su esencia, la “rosidad” y su ideal no es negarse a sí mismo para ser peral u otra cosa cualquiera, sino ser de una vez su esencia de rosal lo más perfecta posible, por siempre «rosal”. Ser «sí mismo” es ser siempre y cada vez mejor rosal.

En este sentido decimos que el hombre nace con su esencia de ser humano, y querer negar su esencia humana es un imposible y un sinsentido.” [11]

El in-sistencialismo pone el centro del ser y del obrar del hombre en su vida interior. En lo que llama in-sistir o in-sistencia, que da relieve al constitutivo óntico de   su ser, fuente de su dignidad. El hombre, en los albores del presente siglo, vive alienado, extraño a sí mismo, perdido ante las cosas, ignorante de lo que verdaderamente es. La filosofía in-sistencial, con su profundo sentido humanístico, concordante con la tradición patrística –en especial San Agustín– es una respuesta ante el desafío de las pseudo-espiritualidades hodiernas.

2. El “sí mismo” individual: imposibilidad de negarlo.

Podemos distinguir dos tipos de in-sistencia, la ontológica y la psicológica. Al ser la in-sistencia la realidad más relevante del hombre, según el planteamiento quilesiano, consideramos el nivel ontológico in-sistencia ser y de un primer acto de conocer del hombre, una in-sistencia conciencia en su nivel psicológico. En esta realidad se puede situar la experiencia ética y religiosa, y desde ella nos abrimos al prójimo, al mundo y a Dios.[12]

IQ con su habitual claridad nos dice:

“Pero el “sí mismo” esencial, yo lo he recibido con mis: características de “tal individuo determinado”; en ese yo­ que yo soy por nacimiento, distinto de todos los demás, inconfundible e intransferible, con mis cualidades caracte­rísticas propias, perfecciones y defectos, en mayor o menor grado: inteligencia, voluntad, memoria, sentido estético, buen o mal humor, salud, etc. Cada individuo es su propio yo y no lo puede cambiar con otro individuo. Puede culti­varse, mejorarse, pero no puede ser otro, y en el fondo es siempre “sí mismo”.

Tampoco en este plano puede tener sentido alguno la expresión “negarse a sí mismo”, por mucho que se quiera; si soy rosal no me puedo cambiar con otra planta, ni siquie­ra con otro rosal. Por lo mismo, por mucho que quiera: negarme a mí mismo no conseguiré cambiarme para ser un ser de otra especie, ni siquiera para ser otro individuo humano diferente.”[13]

Descubrimos, pues, la esencia del hombre como un ser dotado de conciencia, de reflexión, que vuelve sobre sí mismo, dotado de libertad. Esto implica autodecisión, dominio, elección entre alternativas, impulso de dentro hacia fuera.

3. El “sí mismo” moral: sentido de su afirmación y de negación.

Dado que la ética se apoya en la in-sistencia, se comprende que su principal problema sea la condición de la libertad propia de la persona como “alguien” con su interioridad óntica. Y puesto que el hombre para conducirse y moverse por sí mismo surge la obligación moral referido al destino que desee alcanzar. Se plantea, pues, el tema de la conciencia. IQ lo manifiesta:

“La conciencia moral surge en el hombre por su esen­cia de ser-en-sí, su ensimismamiento, o in-sistencia, que. se manifiesta en nuestra experiencia como “centro interior”.

Consiste en que nos damos ,es decir, que tenemos conciencia de la concien­cia; que tenemos un conjunto de impulsos para actuar y que algunos de ellos ayudan a integrar nuestro “sí mismo” esencial, y otros, al revés, llevan a la desintegración. Los primeros los sentimos como buenos, positivos, integrantes, es decir, que nos hacen crecer en nuestro propio ser y nos: producen satisfacción, paz y bienestar pleno. Los impulsos desintegrantes los experimentamos tal vez con placer inicial que nos atrae; pero, en el fondo, sentimos que disminuyen nuestro ser, son atomizadores de nuestro “sí mismo esen­cial e individual”, y por eso los consideramos malos para nuestro mismo ser. Son causa de insatisfacción, nos hacen sentir mal.”[14]

Queda en claro que la conciencia moral, en función de la libertad entendida como la capacidad de elegir entre opciones permiten o bien el anhelo de perfeccionarme –ser más en sí– o bien frenar o destruir ese anhelo de ser “yo mismo”. Se descubre, por tanto, la limitación, la contradicción entre mis aspiraciones y mis capacidades, el abismo del no ser que me circunda, la precariedad de mi ser que se patentiza en la posibilidad de la elección errónea del mal. IQ lo precisa:

“Así aparecen en nuestro interior como dos haces gene­radores de impulsos antagónicos: uno, de los integrantes que refuerzan mi ser y me dan mayor plenitud de ser mí mismo; y otro, de los desintegrantes que disminuyen la coherencia de mi ser, mi- verdadera fuerza, y en el fondo, me atormentan, en vez de darme plenitud, satisfacción de ser mí mismo.

Todos tenemos conciencia de estas dos fuerzas antité­ticas, entre las cuales nuestro yo, nuestro “centro interior”, debe constantemente discriminar cuáles son en verdad los integrantes del "sí mismo" y cuáles lo anulan en mayor o menor grado. En este acto de discriminación sentimos la responsabilidad, la obligación de comprobar y elegir entre los impulsos que son integrantes (me hacen “ser más”, “ser mejor”) y de controlar y rechazar los que me des inte­gran (me hacen peor, ser menos yo mismo).”[15] 

4. El verdadero “negarse a sí mismo”.

¿Cómo se debe entender la negación de sí mismo sin afectar el “centro óntico”, nuestra mismidad? En una perspectiva moral, consiste en purificar, negar aquellas pulsiones de nuestros apetitos concupiscible e irascible que afecte nuestro “verdadero sí mismo”. Ello requerirá un proceso de discernimiento para lo cual la filosofía in-sistencial nos brinda valiosas pistas:

1) Autoconciencia: en cuanto siente el impulso a ser más mi “si mismo”, a afirmar y mantener mi mismidad, identidad, in-sistencia, autotransparencia, mi centro interior lo vivo en mí mismo.[16]

2) Autocontrol: se advierte en el interior de toda persona los impulsos que me hacen depender de las cosas y las personas que los provocan. Frente a ellos se los procurar dominar, el autodominio de sí, de no quedar a merced de los apetitos.[17]

3) Autodecisión: Todo acto de autorrealización se realiza en libertad, es decir de autodominio y la autodeterminación hacen más perfecto mi ser; y por tanto me hacen “ser mí mismo”, “ser más mí mismo”.[18]

Es valioso destacar, desde una perspectiva de teología espiritual, el camino perfectamente católico de tal argumentación filosófica que sigue las pautas de la interioridad de los Padres de la Iglesia, San Agustín, por ejemplo, y de los Doctores Medievales como San Buenaventura.

La auténtica negación de sí mismo no implica una actitud egoísta, de búsqueda desordenada de sí, de buscar por buscar  sino de búsqueda para hallar.

“El egoísmo no es el centrarse en sí mismo, sino la exa­geración de esa necesaria interioridad o interiorización en sí, sobre todo cuando llega hasta el daño y el desprecio de los demás, y más aún, al olvido y la negación de Dios. El egoísmo es el amor desordenado de sí mismo. No es, pues, el amarse a sí mismo, sino el hacerlo "desordenadamente". En realidad, tenemos que amar a todas las cosas y a todos los seres, como hemos dicho repetidamente en esta obra, pues el amor debe abrazar a todo lo creado, en especial al prójimo y a Dios. Es la coronación y realización máxima del sí mismo. Pero, después de Dios, debemos comenzar por amamos a nosotros mismos, según el orden que Dios ha puesto en la creación y la naturaleza que Dios nos ha dado.”[19]

       La perfecta abnegación de sí mismo pasa por rechazar el amor desordenado de nuestro propio yo y amar al prójimo como a uno mismo por amor a Dios. Se desaconseja, pues el desordenado amor a sí mismo, no estar en sí en una dimensión trascendente. Para ello es necesario el autocontrol para impedir cualquier pulsión desintegrante que aparte del centro último que es Dios. Ese amor pleno exige amar la cruz, renunciar a todo apetito desordenado que esclavice a la persona. Es una acto de auténtica realización personal, de autocontrol, en el ejercicio de la  libertad orientada al bien.

Los místicos han comprendido ello en grado sumo. Así lo manifiesta IQ al citar a San Juan de la Cruz

Modo de tener al Todo.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada. Para venir a gustarlo todo
no quieras gustar algo en nada. Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada. Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.

Modo para no impedir al Todo.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Porque para venir de todo al todo
has de dejar del todo al todo.
y cuando lo vengas todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.
Porque si quieres tener algo en todo
no tienes puro en Dios tu tesoro.”
[20]

Reflexiones conclusivas:

La obra filosófica de IQ se basa en la persona que es algo más que una mera naturaleza individual. Persona dice un cierto grado de “estar en sí” de manera especial. La esencia de ser alguien y no algo, reside en la interioridad, sujeto de sus actos, consciente y libre. IQ llega a la convicción de que la in-sistencia subraya el máximo grado de ser, en la unidad del ser. Por este camino comprende el misterio del hombre y le habla al hombre de hoy que se encuentra atenaceado por los peligros de un relativismo cultural, de un antropocentrismo radical que desemboca en la alineación del hombre mismo.

Ante la dispersio del hombre de hoy como una polaridad de atracción contraria a la de la interioridad, opuesta al in-sistere, IQ hace notar que el “estar-en sí” es la característica fundante de la persona, por la cual ella está dentro de sí misma, y en ella se encuentra a solas con Dios. La interioridad óntica no es –en una análisis superficial– inmanente sino trascendente  porque siempre lo refiere al Absoluto. “Estar en sí” en Dios, en donde se fundamenta  toda interioridad. Es la respuesta valiosa ante el desafío espiritual del nuevo milenio.

Notas

[1] En adelante IQ
[2] ¿Cómo ser sí mismo? Depalma Bs As 1996  V 20. En adelante CSM
[3] La interioridad Agustina agustiniana Depalma Bs As 1989 V 17. En adelante IA.
[4] "Es sabiduría, en cuanto a una síntesis superior de los conocimientos del hombre; vital, en cuanto a que esa síntesis solo llega a tener toda su evidencia y toda su fuerza cuando es profundamente vivida, tal también en cuanto a las evidencias y la vida toda del hombre, guiando e iluminado para llegar a la cumbre de la sabiduría vital humana". Filosofía y Vida, 85-86 en adelante FV
[5] Cf. FV, 86.
[6] Antropología Filosófica In-sistencial   p.12 en adelante AF
[7] CSM pp 106-107
[8] Cf. Jesucristo, portador del agua de la vida Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo pontificio para el diálogo interreligioso San Benito Bs As 2003.
[9] Remitimos a los lectores a los análisis sintéticos que presenta IQ en CSM c. IV “El “sí mismo” y “su circunstancia”   y en especial su obra Antro­pología filosófica in-sistencial Depalma 1978 Obras com­pletas v 1.
[10] CSM. p 108
[11] Idem p. 109
[12] Cfr. el enjundioso estudio de Estanislao Vega González   Filosofía de la educación ético-in-sistencial Instituto Superior de estudios eclesiásticos México D.F. 2003
[13] CSM p. 109
[14] CSM p. 111
[15] CSM p. 112
[16] Ibid.  p. 80
[17] Ibid.  p. 80
[18] Ibid.  p. 81
[19] Ibid. p. 113
[20]  Ibid. p. 117


  • Ver Ponencia I • Pautas para una legislación desalienante

    HORACIO GIGLI
    Fundación Ser y Saber, Buenos Aires.


    Ver Ponencia II • El tema quilesiano de persona humana en el marco de la enseñanza de la ciencia geográfica

    PABLO GABRIEL VARELA
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia III • El problema de la especialización. Una respuesta a partir de la pedagogía de Ismael Quiles, S.J.

    JORGE MARTIN
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia IV • Espiritualidad e In-sistencialismo

    Pbro. JOSÉ IGNACIO FERRO TERRÉN
    Fundación Ser y Saber, Buenos Aires.


    Ver Ponencia V • La in-sistencia y el desarrollo de la interioridad para la superación de las distintas formas de alienación

    MARÍA VICTORIA RULLÁN MIQUEL
    Zaragoza, España.


    Ver Ponencia VI • La filosofía in-sistencial enfrenta los desafíos de la educación actual

    CELIA GEMIGNANI DE ROMANI
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia VII • Hacia la recuperación del sentido de la historia. Historicidad y tiempo en la Antropología In-sistencial

    ALEJANDRO POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia VIII • La historia y la filosofía in-sistencial en el mundo actual

    ETHEL BORDOLI
    Buenos Aires.


    Ver Ponencia IX • La experiencia in-sistencial y la unidad del hombre. La interioridad como camino hacia la unificación del hombre ante las disociaciones propias del siglo XXI

    MARIELA MARONE DE POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia X • Filosofía In-sistencial: bases para una Estética de la unidad

    MARTHA PÉREZ DE GIUFFRÉ
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


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