COLOQUIO IX - Segunda Etapa - PONENCIA IV

LA LIBERTAD, LA BELLEZA Y EL AMOR EN ISMAEL QUILES Y KAROL WOJTYLA

María Victoria Rullán Miquel

El tema de la libertad, en relación con la belleza y el amor subyace, implícita o explícitamente, en toda antropología que considera al hombre como una entidad abierta y responsable. Libertad que, además, está estrechamente ligada a la verdad como expresa el aforismo paulino: “la verdad os hará libres”. El concepto de belleza y bien o virtud, está presente como ideal a conseguir en la Paideia griega. Y el filósofo medieval Agustín de Hipona nos aporta su máxima: “ama y haz lo que quieras”. Porque el que ama, desde su propia libertad, prodiga el bien al ser amado. El amor da dirección y sentido a la libertad, por medio de la que se expresa la belleza óntica de la persona humana: su capacidad de elección y la responsabilidad de sus actos.

La libertad sólo es propia de los seres personales; se contrapone a los impulsos estimúlicos de los instintos, a los que tiene plena potestad de encauzarlos en la línea de la verdad y el bien. El sustrato biológico que Aristóteles colocó en un plano significativo al definir al hombre como: “animal racional”, es el refugio de quienes hacen de los condicionamientos, determinismos. Abraham Maslow observa la interdependencia que existe entre la libertad-verdad, la belleza y el amor, pero que “tan sólo en las personas saludables encuentran una relación estrecha”. [1] Y cabe recordar que el concepto de salud, en Maslow, está estrechamente relacionado con la formación integral del hombre. Estos conceptos, pues, no son construcciones teóricas; pertenecen a nuestra estructura óntica y reclaman una vivencia integrada.

¿Cuál es el significado que Ismael Quiles da a los conceptos: libertad, belleza y amor?

Para Quiles, la libertad tiene un sentido direccional: “Significa en rigor de dentro hacia fuera”,(…)” porque sólo ‘desde dentro’ es posible”[2] ejercerla. Y porque “el hombre se halla en una orientación ‘hacia’ algo en lo cual ha de in-sistir.”[3] In-sistir o ser “sí-mismo”, -sinónimo de singularidad en su modelo antropológico- nos espeja la contingencia propia, según nuestro autor, de la libertad del hombre, en su permanente acto de elección entre: lo bueno y lo malo; lo que lleva a la felicidad o a la desgracia; lo que abre mayores posibilidades de crecimiento o las cierra. Y en esto consiste la dignidad del hombre: “en que éste pueda tomar conciencia de sí” (…) “elegir su propio destino”, [4] en virtud de sus atributos ónticos: conciencia y libertad-responsabilidad.[5]

Ahora bien, para Quiles, la responsabilidad como atributo implica la “obligación de responder” desde “dentro”, en una “dirección” determinada ante la “’posibilidad de elección’” . Y en esto consiste, precisamente, “la experiencia de libertad” por la que el hombre toma más conciencia de sí, frente al mundo circundante” [6] Y esto, nos sigue diciendo, tiene graves consecuencias porque: “ el hombre deberá responder en último término ante su Fundamento, acerca de la elección de su propio destino, es decir, deberá aceptar las consecuencias de su propia elección.”[7]

Según mi modo de ver, la estrecha relación –que plantea Quiles- de los actos del hombre con Dios como Fundamento, “del que participa de una forma limitada”; [8] la “tensión hacia”, en virtud de la atracción que experimenta el ser humano hacia la trascendencia o “experiencia del Absoluto en nuestra conciencia”,[9] nos permite vislumbrar una dimensión mística de la libertad– responsabilidad. Responder de nuestros actos ante el Fundamento, equivale a “rendir cuentas de los réditos alcanzados, según los talentos recibidos”, como expresa la parábola del Evangelio. (Mat. 25, 14-3) Es darnos cuenta, a la luz de la verdad, de la dirección y transparencia de nuestros actos.

De ahí que la libertad, en Quiles, implique “una ‘orientación’ y un ‘hacia’, por parte del sujeto capaz de decidir y de elegir”; [10] y que éste se encuentre en una tensión, ante las distintas opciones que le plantean las circunstancias. Porque la persona humana se encuentra entre dos límites: su contingencia y la Trascendencia o infinitud del Absoluto, en quien, según Quiles, “se cierra la cadena del ser y de quien había comenzado.”[11]

Este carácter también trascendente de la libertad, por el hecho de ser “salida de sí hacia el otro o lo otro”, señala el rumbo de las relaciones de la persona humana con el mundo, con el prójimo y con Dios. En dichas relaciones se percibe y expresa la belleza, el bien y el amor.

Quiles sitúa al hombre en el centro del universo, “como un puente entre la materia y el espíritu”, y con una misión muy específica: ”dirigir y acrecentar el progreso de la naturaleza; asumir las perfecciones materiales del universo, referirlas y dirigirlas al Ser Supremo, absteniéndose de todo aquello que le impida el desarrollo óntico; y descubrir los reflejos de espíritu y de eternidad que la materia contiene: el orden de la creación, su belleza y su armonía. El hombre es el único ente que puede vivirlas y como Poeta cantarlas ”.[12]

La situación peculiar del hombre en el universo y su dependencia de Dios, que además “ejerce una acción en su interior y al que debe el progreso de la naturaleza”, nos dan la clave de los parámetros en los que debe desarrollarse dicho progreso: “el orden, la belleza y armonía” propia de la creación.

Si seguimos interpretando el párrafo sobre las situación del hombre en el universo podemos deducir que en Quiles la belleza, -o el aspecto de la belleza que pueden captar nuestros sentidos- es el reflejo de “la belleza, el orden y la armonía” del Absoluto. Y esta belleza, es contemplada y vivida por el hombre. Si entramos en el terreno de la manifestación artística como expresión de la belleza, en Quiles, intervienen tanto los sentido externos como la interioridad, cuando él nos dice: El hombre “contempla la belleza exterior”; “la vive”, lo cual supone una interiorización de dicha belleza, y después “el poeta la canta”. Es decir, el artista plasma la belleza y surgen las obras de arte propias de los distintos lenguajes: música, pintura, escultura, etc. Hay que recordar, además, que la interioridad es la base de la libertad, uno de los fundamentos de la expresión artística.

Conviene añadir, también, que en el texto de Quiles “la contemplación y vivencia de la belleza, el orden y la armonía” no son privativas de los artistas, sino de toda persona humana, por las características peculiares de su esencia. La “ participación en una cierta medida del Fundamento”, nos hace partícipes también, “en una cierta medida”, de todos sus atributos entre los que se encuentran la belleza, el bien, la verdad. Desde esta concepción se entiende, maravillosamente, la paradoja existencial del ser humano: “cuanta mayor es la ‘atadura vivencial’ con los atributos del Absoluto, mayor es su grado de libertad.. Libertad que puede traducirse, también, por “salud integral”, -que no incluye necesariamente a la física- base de la auténtica felicidad.

¿Qué es el amor para Quiles?

Es el encuentro “de” y “entre” “interioridades” que sólo puede llevarse a cabo entre seres personales. Tiene a la vez, un carácter de necesidad para conocerse a sí mismo. No debemos olvidar que uno de los atributos de la in-sistencia es la “consciencia”:[13] capacidad que nos permite “conocer con”, de lo contrario la persona como in-sistencia o contingencia, estaría cerrada, replegada en sí misma. La consciencia posibilita, también, el conocimiento de sí mismo, ser transparente, translúcido, ante uno mismo y ante los demás.

Dado este carácter consciencial de la persona humana, Quiles nos dice: “Es curioso que en el centro mismo de mi in-sistencia encuentro esta atracción ontológica originaria hacia las otras in-sistencias como condición de la revelación de mi núcleo personal. Tanto me encuentro a mí mismo cuanto procuro colocarme en el centro de las otras in-sistencias. El encerramiento conduce a una oscuridad sobre mí mismo, tiende una nube opaca que me hace perder mi propia perspectiva. Por una paradoja, la in-sistencia, que apunta hacia dentro al interior, no se encuentra, no se descubre como tal si no es en relación con otra in-sistencia”.[14] Nos recuerda lo que dice al respecto el filósofo español Fernando Rielo: “Es un hecho experiencial que el ser humano, lejos de buscar o refugiarse en su propia identidad, tiene conciencia de que no es sólo conciencia de sí, ni obra sólo ‘para sí’; es, más bien, alguien con conciencia de alguien y que obra para otro alguien.”[15]

Esta relación con los otros, intrínsecamente necesaria, que evidencia el atributo de la consciencia y el de la libertad-responsabilidad, se lleva a cabo por medio del amor. Dado el carácter direccional de la libertad, en Quiles, es fácil presuponer que el amor es la vectorial de la libertad. Nuestro autor establece, incluso, los parámetros en los que debe desarrollarse dicho amor cuando nos dice:

El “amor incluye ante todo respeto, y lo lleva hasta el máximum; respeto que es a la vez ‘comprensión’ y ‘delicadeza’, que no quiere romper el frágil cristal de la subjetividad ajena, y que lo trata con la delicadeza con que cortamos el tallo de una flor sin ajar ninguna de sus partes. Sólo así tiene sentido el acercamiento auténtico al prójimo. Entonces es cuando la unión de las dos in-sistencias tiene un campo común, una vida común, una ‘in-sistencia’ común, en la personalidad, en la libertad y en la plenitud de dos subjetividades”[16].

He subrayado la frase: “Sólo así tiene sentido el acercamiento auténtico al prójimo”. Quiles quiere destacar que otro tipo de acercamiento, por interés, egoísmo, manipulación idolátrica, etc. no tiene “sentido ontológico”, y por lo tanto es despersonalizadora. Conduce a la desvalorización de la persona humana en su doble sentido: personal y social.

¿Cómo se relacionan, en Karol Wojtyla, la libertad, la verdad, la belleza y el amor?

Wojtyla parte de la concepción aristotélica: “la libertad es una propiedad de la voluntad que se realiza por medio de la verdad”,[17] pero sólo en el amor “la libertad humana encuentra su más plena realización. La libertad es para el amor”. [18] Y es auténtica “en la medida que realiza el verdadero bien. Sólo entonces ella misma es un bien.”[19] Por lo tanto, la libertad sólo es tal, si está vinculada estrechamente con la verdad y el bien. El bien es, a su vez, “la condición metafísica de la belleza; así como la belleza es, en un cierto sentido, la expresión visible del bien”.[20] De lo contrario, conduce a la persona humana a una especie de caos inmanentista que desdibuja el auténtico sentido de la vida.

En el análisis de la compleja estructura de la persona, Wojtyla se centra fundamentalmente en el “devenir humano”; en el “cambio constante” que la configura a lo largo del tiempo y de su actuar. Por esto nos dice: “Todo análisis del dinamismo humano debe revelar este devenir. En el análisis metafísico es lo primero que destaca.”[21] El devenir humano, para nuestro filósofo, tiene dos vertientes: la somatovegetativa y la psicoemotiva pero sólo la “formación de la esfera psicoemotiva nos pone en contacto con la forma concreta del devenir humano(...) Son las acciones del hombre, su actuar consciente, las que hacen de él lo que y el que realmente es.”[22] Porque los cambios constantes que se operan en la esfera somatovegetativa no afectan a la esencia del hombre. “Lo que únicamente ocurre en el hombre no tiene una fuente dinámica; le falta el elemento de libertad y la experiencia de podría, pero no es necesario.”[23] Y nos sigue diciendo Wojtyla: “Entre el podría, (…) y el no es necesario, (…) se forma el quiero humano, que constituye el dinamismo propio de la voluntad.“[24] El quiero, “contiene el momento de libertad”.[25] Es intrínseco a la persona e indeclinable; es el sustrato de sus actos ontologizantes, conformadores de la esfera psicoemotiva y sólo propios de ella misma. Es pues, en esta esfera, donde tiene cabida el arte porque, para Wojtyla: “La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido”.[26] Porque, nos sigue diciendo: “Toda forma auténtica de arte es, a su modo, una vía de acceso a la realidad más profunda del hombre y del mundo”.[27] Dentro de su concepción es fácil interpretar que se llega a esta vía por medio de la búsqueda incesante de la verdad; de una verdad que crece en la medida que el hombre se perfecciona a sí mismo porque, nos sigue diciendo el artista “no sólo da vida a su obra, sino que por medio de ella, en cierto modo, descubre su propia personalidad. En el arte encuentra una dimensión nueva y un canal extraordinario de expresión para su crecimiento espiritual. Por medio de las obras realizadas, el artista habla y se comunica con los otros. La historia del arte, por ello, no es sólo historia de obras, sino también de los hombres”.[28] Nos recuerda el valor pedagógico que concedía Ortega y Gasset al estudio de la Historia del Arte porque es la expresión viva del espíritu de cada época.

Avanzando un poco más Wojtyla considera que la verdad del artista está en Cristo, no en un sentido pietista, sino como origen de la Verdad. Y que toda creación auténtica, además de ser producto de los estímulos interiores y exteriores del artista, no escapa al “soplo” creador del espíritu Santo. Este, nos dice Wojtyla, lo “alcanza con una especie de iluminación interior, que une al mismo tiempo la tendencia al bien y a lo bello, despertando en él las energías de la mente y del corazón, y haciéndolo así apto para concebir la idea y darle forma en la obra de arte”.[29]

Wojtyla parte de un principio antropológico que da coherencia a su pensamiento: el hombre es imagen de Dios, de ahí que, según él “la fuente primaria y decisiva para entender la íntima naturaleza del ser humano es la Sma. Trinidad”. [30] Es la que cierra el círculo de la integración de los conceptos planteados: el Padre, origen de la belleza de todo lo creado, según deduce de la lectura del Génesis nuestro autor.[31] El Hijo, Cristo, encarnación de la Verdad. Y el Espíritu Santo revelador de la Verdad, el Bien y la Belleza que se expresan por medio de la libertad del artista.

Creo que, tanto Ismael Quiles como Karol Wojtyla, a través de sus reflexiones, nos animan a vivivenciar y experienciar la dignidad de la persona humana centrada en la Verdad, que –necesariamente- da unidad, dirección y sentido a la libertad, nutrida por la belleza y el amor.

Notas

[1] MASLOW, Abraham. H. El hombre autorrealizado.Hacia una psicología del ser. Edt. KAIROS. Año 2000, 13ª Edición. Pág. 201. 1ª Edición en castellano: Año 1973. Título original: Toward a psicology of being. by Litton Educational Publising, Inc. 1968
[2] QUILES, Ismael. Antropología Filosósfica In-sistencial. Edt. De Palma. Bs. As. 1983. Pág. 49
[3] Ibid. Pág. 52.
[4] Ibid. Pág. 50.
[5] Ibid. Pág.51 adapatado.
[6] Ibid. Pág. 49. Adaptado.
[7] Ibid. Pág. 51.
[8] Ibid. Pág. 52. Adaptado.
[9] Ibid. Pág. 267.
[10] Ibid. Pág. 60. Adapatado.
[11] Ibid. Pág..61.
[12] QUILES. Antropología Filosófica In-sistencial. O. c. Págs.56 y 57. Adapatado.
[13] Ibid. Pág. 51.
[14] Ibid. Pág. 125.
[15]RIELO PARDAL, Fernando. Mis meditaciones desde el modelo genético. tratamiento sicoético en la educación. Edt. F.F.R. España 2001. Pág. 89.
[16] Ibid. Pág. 132.
[17] JUAN PABLO II . Memoria e identidad.. Edt. La esfera de los libros. Madrid 2005
[18] Ibid. Pág.56.
[19] Ibid. Pág. 59.
[20] JUAN PABLO II. Carta a los artistas. Edt. San Pablo. Colección documentos eclesiales. 1999. Pág. 10
[21] WOJTYLA, Karol. Persona y acción.. B.A.C. Madrid 1982 . Pág. 17
[22] Ibid. Pág. 118.
[23] Ibid. Pág. 118.
[24] Ibid. Pág. 118.
[25] Ibid. Pág.123.
[26] JUAN PABLO II. Carta a los artistas.O.c. Pág. 15
[27] Ibid. Pág. 17.
[28] Ibid. Pág. 9.
[29] Ibid. Pág.35.
[30] JUAN PABLO II . Memoria e identidad. O.c. Pág.140.
[31] Ibid. Pág. 105.


  • Ver Ponencia I • La unidad de la persona como condición de posibilidad de la percepción de la belleza

    MARTHA PÉREZ DE GIUFFRÉ
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia II • El conocimiento de sí mismo como fundamento de la reflexión filosófica

    ALEJANDRO POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia III • El Amor como principio fundante del existente humano

    MARIELA MARONE DE POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.

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    Ver Ponencia IV • La libertad, la belleza y el amor en Ismael Quiles y Karol Wojtyla

    MARÍA VICTORIA RULLÁN MIQUEL
    Zaragoza, España.


    Ver Ponencia IV • La libertad, la belleza y el amor en Ismael Quiles y Karol Wojtyla

    MARÍA VICTORIA RULLÁN MIQUEL
    Zaragoza, España.


    Ver Ponencia V • Acerca de la historia - Aproximación al pensamiento histórico de S.S. Juan Pablo II y el P. Ismael Quiles S.J

    ETHEL BORDOLI
    Buenos Aires.


    Ver Ponencia VI • La base antropológica en la ética en I. Quiles Y K. Wojtyla

    JULIO RAUL MENDEZ
    Universidad Nacional de Salta • Universidad Católica de Salta.


    Ver Ponencia VII • Persona y accion de Karol Wojtyla, visto desde la perspectiva del R.P. Dr. Ismael Quiles, S.J.

    CELIA GEMIGNANI DE ROMANI
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia VIII • Conclusiones

    JORGE MARTIN
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


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