COLOQUIO IX - Segunda Etapa - PONENCIA II

EL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO COMO FUNDAMENTO DE LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA

Alejandro Powter

Cuando el hombre se conoce a sí mismo en su esencia profunda, es decir, en el centro de su ser, es cuando conoce a su Señor. Y conociendo a su Señor, conoce al mismo tiempo todas las cosas, que vienen de Él y a Él retornan.

Toda comprensión del mundo que el hombre realice estará siempre teñida de los matices que sus propias posibilidades implican, es decir que la comprensión de la realidad es, en última instancia, comprensión humana. El hombre se descubre a sí mismo mediante sus actos de comprensión, se conoce en su intelección. Este proceso comienza precisamente en el acto de intuición de una totalidad que se le manifiesta de modo inmediato, a partir de allí la intelección realiza lo que le es propio: el acto interpretativo, la tarea de buscar principios, causas, medios y fines que manifiesten el sentido de aquella totalidad intuida.

Es en este marco que llevaremos a cabo nuestra reflexión acerca del pensamiento de Karol Wojtyla e Ismael Quiles, a saber: la importancia del ‘conócete a ti mismo’ como punto de partida de la reflexión filosófica. La antigua sabiduría había colocado a modo de revelación este imperativo en la entrada del templo del dios Apolo en Delfos como un recordatorio y a la vez un consejo para todo hombre. Sábete hombre… hombre y mundo, hombre y hombre, hombre y Dios. He allí los tres ejes de la reflexión filosófica que busca dar cuenta de aquella intuición una y total. He allí el origen de toda capacidad de comprensión, de dotación de sentido, de explicación.

El ‘conócete a ti mismo’ según Karol Wojtyla

El fruto del acto intelectivo mediante el cual el hombre comprende la realidad a partir de una intuición de la totalidad es lo que llamamos, en sentido amplio, visión del mundo y, dada la inconmensurable riqueza de la totalidad, existen múltiples visiones que en sentido más restringido se traducirán en teorías que intentan explicar los diversos sectores en que el intelecto ha dividido lo real. La disciplina que se ha encargado de asumir la pregunta más profunda y fundante es la filosofía y en particular la metafísica, dado que es ella la que se orienta hacia el foco más profundo de las manifestaciones del ser. “¿Quién soy?, ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿por qué existe el mal, ¿Qué hay después de la vida? (…) Son preguntas que tienen su origen común en la necesidad, que desde siempre acucia al corazón del hombre, de encontrar sentido: de la respuesta que se dé a tales preguntas, en efecto, depende la orientación que se dé a la existencia” [1].

La metafísica conlleva desde su punto de partida una implicancia antropológica. Como hemos indicado, el acto interpretativo es humano y por ende el planteo del interrogante también lo es. Es decir que en el fondo último de todo planteo sobre el sentido de lo real se encuentra el hombre y toda pregunta por el último fundamento es también una pregunta acerca del hombre.

En la introducción a su obra ‘Persona y acción’ Karol Wojtyla afirma que “la experiencia que el hombre puede tener de alguna realidad exterior a sí mismo está siempre asociada a la experiencia del propio yo, de forma que nunca experimenta nada exterior sin al mismo tiempo tener la experiencia de sí mismo” [2]. La concepción de experiencia externa resulta entonces necesariamente vinculada a la experiencia interna, así, el acto mediante el cual el hombre reflexiona acerca de la realidad circundante comparte su fundamento con el acto mediante el cual el hombre reflexiona sobre sí mismo. “La coherencia del autoconocimiento y de la conciencia   debe reconocerse como factor básico del equilibrio en la vida interior de una persona, especialmente en lo que se refiere a la estructura intelectual de la persona. Siendo el ‘sujeto’, el hombre es también el ‘objeto’; es el objeto para el sujeto y no pierde su significación objetiva cuando es reflejado por la conciencia” [3].

En la reflexión filosófica, sin embargo, existe un riesgo, y es el de perder la conciencia del sí mismo como fondo último de la persona. Si el hombre no se percata de este hecho, puede pronunciar como verdades indiscutibles ciertas visiones del mundo que parecieran prescindir de la importancia capital de la presencia del sujeto entendido como persona[4] en toda reflexión filosófica. De aquí resultan los diversos reduccionismos que disminuyen la riqueza inagotable del encuentro del hombre en y con el misterio del ser. Esto peligro se debe a la capacidad propia de la razón para elaborar las experiencias en complejos sistemas de pensamiento. Wojtyla pone de manifiesto que “históricamente esto ha provocado a menudo la tentación de identificar una sola corriente con todo el pensamiento filosófico. Pero es evidente que, en estos casos, entra en juego una cierta ‘soberbia filosófica’ que pretende erigir la propia perspectiva incompleta en lectura universal” [5]. Es decir que la unilateralidad de una lectura encerrada en la pura razón, negando la inevitable experiencia del sí mismo en todas sus dimensiones, hace que se niegue también la esencial tendencia del hombre hacia una verdad que lo habita y lo trasciende.

El ‘conócete a ti mismo’ según Ismael Quiles

En una línea de pensamiento muy afín a la de Wojtyla, aunque su desarrollo haya sido poco más de dos décadas anterior, encontramos a Ismael Quiles, un pensador que, basándose en la cosmovisión cristiana, elaboró una corriente de pensamiento cuyo eje es la esencia última del hombre. Para ello se valió de las más importantes corrientes de la tradición filosófica, destacándose el agustinismo, y entabló un diálogo con la antropología existencialista. El fruto de esta labor de vida se plasmó en el Insistencialismo como propuesta filosófica fiel a la experiencia interior del hombre.

Según Quiles, toda acción y reflexión humanas brotan del fondo último de la persona y a éste se lo denomina in-sistencia como centro óntico, es decir la esencia última del hombre. En este sentido, toda enunciación filosófica responde objetivamente a una inquietud presente en la misma experiencia humana, inquietud que en un primer momento será pregunta motivadora y luego respuesta responsable. “La esencia última del hombre está, se cumple con toda verdad, sin envolturas, desnudamente, cuando él, directamente, da esa re-spuesta originaria al ser; mientras él no da esa respuesta originaria al ser, su esencia no se ha cumplido del todo, pues está apoyándose en re-spuestas ajenas” [6]. El hombre, entonces, elabora ese cuestionamiento que brota del contacto con el mundo, consigo mismo y con lo absoluto y, a partir de allí, concibe una respuesta personal. Pero para que esta respuesta tenga carácter filosófico, debe lograr la superación de la mera experiencia individual, sumergiéndose en el inefable silencio de su propio ser particular y concreto mediante un acto reflexivo, encontrarse en sí mismo y, a partir de allí, ejercer el uso de su razón logrando una afirmación que implique a la humanidad toda.

En lo referente a las preguntas fundamentales que el hombre se plantea, Quiles y Wojtyla concuerdan, así puede leerse en Cómo ser sí mismo: “La pregunta por el hombre es la pregunta permanente que me acompaña en mi vida. ¿Qué soy yo?, ¿Cuál es el sentido de mi vida?, ¿Cuál es el ideal de mí mismo?, ¿Cómo realizarlo?” [7]. De acuerdo a la filosofía in-sistencial, la respuesta a estos interrogantes deben surgir, como hemos indicado, desde el centro mismo de la esencia del hombre; este centro, que Quiles denomina ‘centro óntico’ posee las siguientes características:

- Unidad: constituido como una mismidad simple que permite la conciencia de todo lo que yo soy como diferente de todo lo que no es ‘yo’.

- Simpleza: punto de referencia de donde surgen y donde cobran sentido todos mis actos y por ser simple no puede ser localizado extensamente en mi cuerpo, “así experimento esta curiosa simplicidad que está en el centro espiritual de mi centro interior” [8].

- Autotransparencia: aparece a sí mismo, este centro se da cuenta de sí mismo aunque siempre respetando una cierta dimensión que permanece en el ámbito del misterio.

- Autonomía: en ese centro el hombre se siente en muchos aspectos interdependiente; pero, en el aspecto fundamental de ser sí mismo y de sentir el impulso de actuar por sí mismo, se siente sustentado en un círculo autónomo, en el cual estoy él solo, para tomar por sí sus decisiones. [9]

- Libertad: encuentra que de ese centro brotan determinados impulsos y que otros llegan a él desde fuera, pero experimenta la posibilidad de decidir y elegir entre ellos.

- Contingencia y limitación: paradójicamente con la libertad aparece la experiencia de no poder elegirlo todo ni absolutamente, esto genera una cierta angustia en el hombre que le hace abrirse hacia la trascendencia que encuentra, así, manifiesta en su propia esencia.

De esta caracterización se sigue lo que Quiles llama ‘dinamismo esencial del centro interior’ [10]; este dinamismo está constituido por la autoconciencia o conciencia del propio ser y sus propiedades, el autocontrol o posibilidad de resistir o liberar los impulsos y la autodecisión como principio de determinación de la persona libre. Es conveniente observar que este dinamismo debe estar regido por el amor como camino hacia la creciente plenificación del hombre. Estas capacidades humanas, si bien están presentes en todo hombre, pueden ser desarrolladas o ignoradas, en el primer caso, el hombre se encuentra en un camino de creciente felicidad (satisfacción) y plenitud dado que es cada vez más sí mismo; en el segundo caso no hace más que cerrar su vínculo con su propia esencia y por ende con la trascendencia, encontrando como experiencia más común la angustia del sin sentido ya que ignora su ser y su finalidad en el mundo, siendo su único apoyo una construcción artificial que ha hecho de sí mismo.

Conclusión

Podemos notar cómo ambos autores concuerdan en que la raíz última del hombre consiste en una unidad indisoluble a partir de la cual brota la conciencia de sí como autoconciencia, gracias a ésta, el hombre logra comprender el mundo circundante y se abre a la trascendencia. Este núcleo profundo de nuestro ser está continuamente en sí y, al comprender al mundo, siempre se hace presente a sí mismo, de modo que toda reflexión es también reflexión acerca de sí.

El pensar filosófico es así el resultado de una determinada manera de experimentarse a sí mismo en relación al mundo y a lo absoluto. Pero para evitar el peligro de quedar encerrada en un solipsismo del sujeto, la razón debe asumir la tarea de elaborar visiones filosóficas que respondan a   la vocación de unidad que radica en el corazón del hombre, vocación que se manifiesta como experiencia amorosa del hombre en el ser.

Los resultados de la reflexión pueden ser infinitamente variados y así resultan también variadas las visiones filosóficas, pues aquello de lo que tratan implica en sí mismo un misterio insondable. Si estas visiones parten de la reducción de la riqueza de la esencia humana, ya sea por la ignorancia que es fruto de la limitación, o de la libre negación de lo que en nuestro interior se manifiesta, la filosofía expresará tan solo un aspecto reducido y distorsionado de lo verdadero. Por el contrario, si se apoya en una experiencia madura de la inagotable riqueza presente en el fondo último de la persona, expresará un camino abierto hacia la plenitud del hombre.

De este modo, podemos hacer propia la afirmación de Juan Pablo II: “La filosofía, que tiene la gran responsabilidad de formar el pensamiento y la cultura por medio de la llamada continua a la búsqueda de lo verdadero, debe recuperar con fuerza su vocación originaria” [11]. Y esta vocación, agregamos, es vocación del hombre que reflexiona acerca del misterio del ser, vocación de realización, vocación tan profunda como la verdad misma.

Notas

[1] Juan Pablo II, Encíclica Fides et ratio: Carta Encíclica a los Obispos de la Iglesia Católica sobre las relaciones entre la fe y la razón, Paulinas, buenos Aires, 1999.   1
[2] K. Wojtyla, Persona y acción, tr.: A.Tymieniecka, BAC, Madrid, 1982.   p.3l
[3] K. Wojtyla, op cit, p. 46.   Nótese que para el autor “la conciencia en cuanto tal se ve reducida a reproducir como un espejo lo que ya ha sido conocido” (Persona y acción, p. 40). En este punto, Quiles entenderá ‘autoconciencia’ al modo en que Wojtyla entiende ‘autoconocimiento’. En nuestro caso seguimos la terminología de Ismael Quiles por adecuarse mejor al tema tratado.
[4] Según puede leerse en la nota 8 al capítulo I de la primera parte de Persona y acción, entendemos ‘persona’ como “el ego subjetivamente constituido por la conciencia (autoconciencia) en el sentido de la experiencia que se ha tenido de su propia subjetividad”. (p. 45)
[5] Juan Pablo II, Fides et ratio, 4
[6] I. Quiles, Tres lecciones de metafísica in-sistencial, en   Antropología filosófica in-sistencial, Depalma, Buenos Aires, 1983. p.278
[7] I. Quiles, Cómo ser sí mismo, Depalma, Buenos Aires, 1996. p. VII
[8] I. Quiles, op. cit., p. 25
[9] Cf. I. Quiles, op. cit,   p.26
[10] Cf. I. Quiles, op. cit., p.27
[11] Juan Pablo II, Encíclica Fides et ratio, 6


  • Ver Ponencia I • La unidad de la persona como condición de posibilidad de la percepción de la belleza

    MARTHA PÉREZ DE GIUFFRÉ
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia II • El conocimiento de sí mismo como fundamento de la reflexión filosófica

    ALEJANDRO POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia III • El Amor como principio fundante del existente humano

    MARIELA MARONE DE POWTER
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.

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    Ver Ponencia IV • La libertad, la belleza y el amor en Ismael Quiles y Karol Wojtyla

    MARÍA VICTORIA RULLÁN MIQUEL
    Zaragoza, España.


    Ver Ponencia IV • La libertad, la belleza y el amor en Ismael Quiles y Karol Wojtyla

    MARÍA VICTORIA RULLÁN MIQUEL
    Zaragoza, España.


    Ver Ponencia V • Acerca de la historia - Aproximación al pensamiento histórico de S.S. Juan Pablo II y el P. Ismael Quiles S.J

    ETHEL BORDOLI
    Buenos Aires.


    Ver Ponencia VI • La base antropológica en la ética en I. Quiles Y K. Wojtyla

    JULIO RAUL MENDEZ
    Universidad Nacional de Salta • Universidad Católica de Salta.


    Ver Ponencia VII • Persona y accion de Karol Wojtyla, visto desde la perspectiva del R.P. Dr. Ismael Quiles, S.J.

    CELIA GEMIGNANI DE ROMANI
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


    Ver Ponencia VIII • Conclusiones

    JORGE MARTIN
    Universidad del Salvador, Buenos Aires.


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